Hoy ha sido fiesta en Hong Kong. Y por lo visto ero un día demasiado yang. Según el calendario lunar chino, hoy era el día 9 del mes 9. Y como el 9 es un número yang, tradicionalmente se consideró que hoy era un día "potencialmente peligroso". Esta fiesta tradicional china se llama Cheun Yeung Festival y una de las costumbres es hacer una excursión al campo o la montaña y también visitar las tumbas de los antepasados. Yo no sé cuánta gente realmente lo ha celebrado hoy así, pero yo diría que en pleno siglo XXI la excursión al campo ha sido sustituida por una tarde de compras. Causeway bay, epicentro del shopping honkonés, estaba abarrotado. Ir de compras es el pasatiempo favorito de los honkoneses. Los centros comerciales son sitios de culto. La obsesión por el lujo es enfermiza. Por lo que he visto de momento por la calle, se podría aplicar el siguiente lema a la ciudad: Tengo un bolso de marca hipercara, luego existo. Hong Kong es una ciudad über-moderna cuyos habitantes parecen atrapados por un consumismo voraz. Pero, por suerte, también tiene su contrapunto. Su yin y su yang. La manida frase de que "Hong Kong es el punto de encuentro entre Oriente y Occidente" es verdad, por mucho que suene a cliché. Las raíces de la ciudad son muy chinas y el contraste entre lo moderno y lo tradicional es muy interesante. Éste es, en el fondo, el encanto de la ciudad.
19.10.07
Too much 'yang'
Hoy ha sido fiesta en Hong Kong. Y por lo visto ero un día demasiado yang. Según el calendario lunar chino, hoy era el día 9 del mes 9. Y como el 9 es un número yang, tradicionalmente se consideró que hoy era un día "potencialmente peligroso". Esta fiesta tradicional china se llama Cheun Yeung Festival y una de las costumbres es hacer una excursión al campo o la montaña y también visitar las tumbas de los antepasados. Yo no sé cuánta gente realmente lo ha celebrado hoy así, pero yo diría que en pleno siglo XXI la excursión al campo ha sido sustituida por una tarde de compras. Causeway bay, epicentro del shopping honkonés, estaba abarrotado. Ir de compras es el pasatiempo favorito de los honkoneses. Los centros comerciales son sitios de culto. La obsesión por el lujo es enfermiza. Por lo que he visto de momento por la calle, se podría aplicar el siguiente lema a la ciudad: Tengo un bolso de marca hipercara, luego existo. Hong Kong es una ciudad über-moderna cuyos habitantes parecen atrapados por un consumismo voraz. Pero, por suerte, también tiene su contrapunto. Su yin y su yang. La manida frase de que "Hong Kong es el punto de encuentro entre Oriente y Occidente" es verdad, por mucho que suene a cliché. Las raíces de la ciudad son muy chinas y el contraste entre lo moderno y lo tradicional es muy interesante. Éste es, en el fondo, el encanto de la ciudad.